
Edinson Makoldo y su guerra por el fuego
Un Cuento para que tú lo termines
Por Sinf Vethencourt
Instrucciones:
Si llama tu atención, puedes leer este original cuento de ciencia ficción, que está sin terminar. Al final, puedes escribir tu propia versión de la continuación de esta historia de ficción, o su desenlace, y enviarla como un comentario a la publicación del texto. Si tu versión se ajusta en todo a un formato decente, la publicaremos como uno de los posibles finales de la historia.
Esperamos que disfrutes de esta actividad.
Inicio del cuento:
.- Eso está prohibido, PROHIBIDO.- Le dijo tranquilamente Angelito.
.- No sé cuándo vas a dejar de transgredir las leyes, tú sí que eres un empecinado.
Un rayo de luz brotó del dedo de Angelito y fue a posarse sobre el librito. Este inmediatamente se volatilizó, dejando un desagradable olor a ahumado. En su lugar, un cristal rectangular con una placa de metal dorado, mostraba el flamante título y el flamante formato: “Autoridad e Individuo, B. Russell”, “Formato Cristalino”.
Edinson suspiró, y comenzó a menear la cabeza de lado a lado, sonriendo con ironía y resignación. El mundo mental todavía lograba impresionarlo.
.- Pero tú impresionas al mundo mental.- Le dijo Angelito, cambiando de colores.
El robot flotante hizo un giro suave, con tonalidad azul, y habló nuevamente, con gran amabilidad, a Edinson:
.- Recién acaba de ser detectado por la cámara de conceptos. Casi levantas una alarma general, y por poco se piensa en restaurar el sistema. Pero no fue necesario, una vez más se comprueba que el sistema es perfecto, no habrá más cambios: Versión final.
.- Sí, versión final.- Le dijo Edinson, no habrá cambios, ni habrá errores.
.- Anjá, le dijo Angelito.- Eres un héroe, tu proeza no quedará ni entre las primeras ni entre las últimas, será simplemente la número 7459K. Procedimiento: Conservación de un libro, manejo conceptual concepto piedra, indiferencia voluntaria al artículo presente por el esfuerzo individual logrado. Mensurable.
.- La irregularidad se detectó al tercer nivel procedimiento cuarto de barrido rutinario de matiz temporal. Se juzgó en un segundo.
.- La sentencia se ejecutó en un décimo de NUESTRO TIEMPO. Te felicito de nuevo.
.- Está bien.
Edinson manipuló el nuevo libro cristalino, que destellaba tenuemente por momentos, según su mente se interesase o no en su contenido, y luego lo dejó a un lado para tomarse un jugo de naranja.
.- Eres un buen amigo, Angelito. A pesar de todo.
.- A pesar de nada. Gracias. Te tengo una buena noticia. La central dice que pasado mañana serás convencido y te decidirás a abandonar la Tierra.
.- Vaya, al fin llega esa noticia. Estoy seguro de que es absolutamente cierto, pero no lo creo, nunca me ha pasado. Me siento tan tremendamente bien en este infierno…
Miró de reojo a Angelito, lo último que había dicho lo había dicho en broma, pero Angelito ni siquiera hizo un mínimo movimiento. Era inmensamente feliz, muy feliz, y casi nunca reaccionaba a los chistes.
.- Ya te están esperando, tienes comité de recepción. Se hizo convocar energías y hay conformación. Un poco, al menos. Hay conformados allá en Plum esperándote. Saben que irás, y tú sabes muy bien que sólo es una deferencia para los que van entrando, o más bien, saliendo.
A ellos no les interesa ni les cuesta el más mínimo esfuerzo. Supongo que deberás apreciarlo.
.- Lo aprecio Ange, ahora mismo lo estoy haciendo, mira el aura dorada y los filamentos que estoy enviando hacia ellos.
.- Eres torpe, pero se ve que tienes buena intención. Nada de esto les llega pues debo recordarte que se encuentran sobre asimilación. Vórtice central transformó todas tus emanaciones en oración.
.- Ni falta hace que me lo recuerdes. Se los agradezco de nuevo.
Edinson canceló a Angelito y se hizo dormir de nuevo. Pero su sueño fue intranquilo, ansioso, casi febril.
Los momentos en que pudo poner su mente en negro (el color nocturno del sueño profundo) se vieron alternados con los múltiples recuerdos del fuego, de su abuelo El Longevo, del problema de la especie nueva.
Abuelo nació hace seiscientos años, en el tiempo del fuego. Era un Longevo. Había nacido y tenía ombligo. No como sus padres, no como él mismo. Pero aparte de aquello, no había – pensaba – mucha diferencia entre él y su abuelo.
.- Había una gran contradicción en esa época en todo el ártico ámbar, y en general en todo el Noroeste. – le decía el abuelo.
.- Ignoro si sucedía lo mismo en el resto del mundo. Quizás en algunas partes sí, en otras no.
.- El problema (si quieres verlo así) es que existían las reglas, pero todavía existía el fuego. Mi propio padre solía cortar leños (imagínate, cortar leños, en un bosque de verdad) para producir fuego en algo que llamaban chimenea. Elevaban el gradiente por momentos en invierno, en el año 2060. Yo vine cuando todo el calor lo generaba el Celio, y la unión de elementos Celio-Termo-Resistencias, y ya todos los objetos obedecían al hombre. Pero heredé este libro, este hermoso e interesante libro, la primera edición de Bertrand Russell sobre la Autoridad y el Individuo. No lo leas, no lo leas nunca, pero será tuyo, hijo, para que te acuerdes de mí. Si lo lees sería demasiado notorio. Te buscarán, te requisarán, lo cambiarán en un segundo. Si lees una sola línea lo encontrarán al instante. Debes pensar que es una piedra, y lo colocas en cualquier lugar. Sólo debes pensar que es una piedra, y luego OLVIDA la piedra y así nunca lo hallarán. Sólo deja en tu cerebro un resquicio. Gratitud, gratitud al abuelo que debe permanecer allí.
.- Me dio un abrazo y un beso.
.- Sólo eso dijo abuelo antes de trascender lo humano y dejarme con el corazón destrozado.
.- Para poder complacerlo tuve que olvidar inmediatamente el libro, a la piedra, quiero decir, lo cual no fue nada fácil, lo aseguro. Pero el abuelo me había contado muchas cosas que no podía olvidar. Me había contado lo del fuego, muchas cosas que no había dicho que olvidara, como tampoco olvidé el sonadísimo asunto de mi padre con la especie nueva, doscientos años después del retiro disgregación expansión de abuelo (era probable que ahora fuese una amable y sonriente concreción, esperándome en Plum, la nueva etapa sólo para dar gusto a los resabios de mi mente). Realmente era algo absurdo… pero vaya usted a saber qué realmente era absurdo para aquellas “gentes”.- Edinson pensó con ironía. – Y quizás debiera decir “g-entes”, y aún así no se aplicaría porque ya no son entes, y “g” sugiere gravedad, y ya se encuentran totalmente desvinculados de ella, como no sea que implique la ubicación del “guargüero”, o zona de las cosquillas, que vaya usted a saber dónde estará ubicada en el cuerpo evolucionado, de unos seres glorificados y expandidos en una extensión inescrutable y luminosa.
Recordó, por no dejar, el momento en que decidió hacer fuego. Solicitó dos especies: Olmo y Encina, y luego frotó las dos muestras UTILIZANDO LAS MANOS como el más bárbaro animal. Colocaba una de las dos piezas de madera en un sitio fijo, y frotaba esta con la otra, con gran celeridad, como pudo haber sido la indescifrable chimenea del abuelo. Pensaba en volar, había hecho gimnasia mental para ello.
Nadie podría vincular sus públicos pensamientos con lo que estaba haciendo, y mucho menos cuando se tratase de pensar el pensamiento generalizado, moda, de las veinte personas que todavía quedaban en la Tierra.
Nada de eso estuvo mal. Sólo que nada podía describirle cómo había sido aquello de trabajar con fuego. Había oído una experiencia inolvidable e indescriptiblemente emocionante. Los maderos se calentaron. El más poroso hizo un punto de incandescencia que duró unos instantes, y antes de percatarse, se había ampollado la piel de las dos manos, en ambas palmas y en dos dedos.